Origen del café
La legendaria historia del café
La mayoría de los cuatro y medio millones de franceses, que según las estadísticas entra diariamente a un café en Francia, es muy probable que desconozcan que detrás del banal gesto de beber una tacita de café, se esconde una fascinante historia de más de 23 siglos de antigüedad.
La aventura del café empezó alrededor del año 850 de nuestra era en las lejanas tierras de Etiopía, en la región de Kafka (de ahí su nombre), cuando a alguien se le ocurrió probar los frutos rojos de un árbol desconocido. Poco a poco, esos granos, semitorrificados por el sol, fueron sirviendo de alimento a los pobladores de esa región, los que cuando los comían declaraban sentirse “alegres y despiertos”.
Se ignora cómo y cuándo la planta pasó luego a Yemen, donde los viejos pastores narran aún que a fines de siglo catorce cuidadores de cabras descubrieron que sus animales, cada vez que mascaban esas hojas y frutos se ponían inquietos y no dormían en las noches.
Los pastores comentaron ese hecho a unos monjes que vivían cerca, y estos empezaron a preparar una bebida con esos granos, la que les permitía permanecer hasta mucho más tarde recitando sus oraciones.
Uno de ellos, que un día se puso a secar en un fogón una rama de la planta, la retiró sin darse cuenta de que se habían caído algunos granos. El delicioso aroma que empezó a surgir de la causal torrefacción, atrajo a los demás religioso, los que retiraron los granos del fuego, los molieron y con el polvo obtenido confeccionaron una bebida mucho más sabrosa que la anterior.
El nuevo brebaje llegó con el tiempo hasta el Cuerno de Oro, una de las zonas más ricas del imperio otomano, y en Estambul dos mercaderes, Djems, de Damasco, y Hakim, de Alepo, abrieron, cada uno por su lado, en 1554, las dos primeras “casas de café” que se conocen.
A partir de mediados del siglo diecisiete, los mercaderes de oriente, que transitaban por Venecia, introdujeron la bebida en la ciudad de los Dogos, y, según los historiadores, la primera “bottega da caffé” fue abierta en la plaza de San Marco en 1645. De Venecia el café saltó a Londres, donde un primer establecimiento, administrado por un italiano, fue inaugurado en 1652 cerca de la iglesia de Saint Michael Cornhill.
En Francia, que es el país donde actualmente existen más establecimientos de café en el mundo – solo en París hay más de 10.000 – la bebida fue introducida durante el reinado de Luis XIV, en 1669, por Solimán Aga Mustafá Raca, el embajador otomano.
El turco, en su fastuosa residencia rivalizaba con el lujo de Versailles, ofrecía a sus invitados “un brebaje oscuro y amargo que despertaba los sentidos y permitía alargar las veladas”.
Pero las elegantes parisienses lo encontraban demasiado amargo, y una noche la condesa, aprovechando que el embajador miraba distraídamente hacia otro lado, deslizó discretamente un pequeño trozo de azúcar en su taza, convirtiéndolo en la deliciosa bebida que hoy conocemos.
La legendaria historia del café
Junio 11 / 06 / 1997
Por Juan Angel Torti
